Consolidar lo logrado, mejorar lo que sea necesario y seguir legislando con los pies en la tierra.
Cuando se acerca el cierre de un año, inevitablemente se hace una pausa para mirar hacia atrás y hacer recuento de lo hecho a lo largo de los 12 meses recorridos. En este cierre del 2025, llegué a una conclusión clara: legislar sí puede cambiar las cosas cuando se hace con sentido y con rumbo.
No creo en la política que solo vive del discurso. Creo en la política que se traduce en decisiones, en reglas claras y en acciones que poco a poco van mejorando la vida de las personas. Este año, desde el Congreso mexiquense, el Partido Verde asumió esa responsabilidad con seriedad: dejar de lado la comodidad y apostar por una agenda clara, constante y cercana a la realidad que vivimos todos los días.
Nuestra forma de hacer la política no trata al medio ambiente como un tema aislado, sino todo lo contrario. Está presente cuando hablamos de agua en los hogares, de salud pública, de espacios para hacer deporte, de alimentos sanos y de comunidades más seguras. Cuidar el entorno es cuidar a las personas, y legislar entendiendo esa relación cambia la manera de priorizar.
Durante este periodo legislativo impulsamos muchas iniciativas y puntos de acuerdo. Pero más allá de los números, lo importante es lo que ya empieza a notarse. Leyes que hoy están vigentes y que buscan modificar prácticas que durante años se normalizaron: reducir el uso de plásticos de un solo uso, castigar con mayor firmeza la tala ilegal, ordenar el manejo de los residuos, proteger nuestro patrimonio natural y biocultural y defender especies que forman parte de lo que somos, como la Mariposa Monarca.
Legislar también implica voltear a ver aquello que durante mucho tiempo se dejó al margen. En 2025 dimos pasos importantes para fortalecer derechos que impactan directamente en la vida cotidiana: el derecho a una alimentación adecuada, a la actividad física y al deporte, a la igualdad sustantiva y a vivir libres de violencia. No son temas nuevos, pero sí urgentes, y atenderlos era una deuda pendiente.
Uno de los momentos más relevantes del año fue la discusión del presupuesto. Porque de poco sirve aprobar leyes si no vienen acompañadas de recursos. Se defendió con una visión clara: invertir en agua, medio ambiente, salud, campo y desarrollo municipal no es un gasto, es una inversión en bienestar y en futuro. Hacerlo con responsabilidad financiera también es parte de gobernar bien.
Los resultados empiezan a reflejarse en el territorio. Los municipios gobernados por el Partido Verde son un ejemplo de ello. Este año, 19 municipios presentaron su primer informe de resultados. Más allá de cifras o colores partidistas, esos informes confirman algo importante: cuando hay una agenda legislativa clara, gobernar se vuelve más ordenado y las políticas públicas llegan con mayor fuerza a la gente.
Mirar hacia adelante implica reconocer lo avanzado, pero también ser conscientes de lo que falta. El Estado de México enfrenta desafíos enormes: una crisis hídrica que ya se siente en muchas comunidades, un crecimiento urbano que exige planeación, desigualdades que no se pueden ignorar y un deterioro ambiental que se acumuló durante décadas. Resolverlo no será inmediato, pero sí posible si se mantiene el rumbo.
El Partido Verde ha ido construyendo una identidad clara. No somos un partido que cambia de discurso según la moda o la coyuntura. Somos un partido que insiste, que propone y que sostiene causas que hoy ya nadie discute, pero que durante mucho tiempo no tuvieron el espacio que merecían.
Se cierra este 2025 con la tranquilidad de que se avanzó, pero también con responsabilidad de lo que falta por hacer y no bajar el ritmo. El reto hacia 2026 es claro: consolidar lo logrado, mejorar lo que sea necesario y seguir legislando con los pies en la tierra, con cercanía y con la convicción de que el Congreso puede ser una herramienta real para mejorar la vida de las personas.



