Se apagó una de las voces que más han marcado el rumbo de México, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, quien falleció este 28 de octubre de 2026, a los 92 años de edad.

El hijo del general Lázaro Cárdenas del Río pasará a la historia como una de las figuras que contribuyeron a transformar la relación entre el poder político, la oposición y la ciudadanía.

Heredó el apellido y el prestigio de su padre, pero construyó su propio camino. Nos enseñó que la lealtad no es consola jornada, sino con paciencia, con resistencia y con amor a la libertad.

Su trayectoria estuvo marcada por la defensa de la democracia, la construcción de una izquierda con posibilidades reales de disputar el poder y la convicción de que el país necesitaba abrirse a una pluralidad política que durante décadas permaneció limitada.

La candidatura presidencial de Cárdenas en 1988 constituye uno de los capítulos más significativos de su trayectoria y de la historia electoral contemporánea del país.

Las columnas más leídas de hoy

Abanderado por el Frente Democrático Nacional, logró articular a diversas fuerzas políticas y sociales inconformes con el régimen. Su campaña representó una alternativa para millones de ciudadanos que aspiraban a una competencia electoral más equitativa y a un sistema político en el que el poder no estuviera reservado a un solo partido.

Hubo trampa, claro que sí. Perdió la elección a la mala. Pero la sociedad había despertado y aunque el resultado oficial favoreció a Carlos Salinas de Gortari, los que tenemos memoria recordamos aquel 6 de julio de 1988. Cuando el sistema de cómputo “se cayó”, todos supimos lo que estaba ocurriendo. Las cifras lo decían todo: él iba adelante. Pero la historia oficial fue distinta.

A mí, como a muchos jóvenes de esa época, Cuauhtémoc Cárdenas nos despertó la conciencia. No pude votar ese año, me faltaban unos meses para la mayoría de edad.

Sin embargo, recuerdo el coraje, la rabia de aquellos días como si fuera ayer. El ingeniero nos mostró que otro México era posible, y que no era traición soñarlo. Nos enseñó que no teníamos que conformarnos con lo que siempre había sido, y que cambiar el país empieza por no callarse.

Ese régimen que llevaba décadas instalado parecía inquebrantable. Pero llegó un hombre que no venía a imponerse, sino a abrir caminos. Y aunque aquella noche de 1988 millones de personas descubrimos que no estábamos solos. A Cárdenas no se le reconoció el triunfo, pero nos dio algo que ningún fraude podía quitarnos: la certeza de que México podría ser mejor.

Fue candidato a la presidencia dos veces más, en 1994 y en el 2000, el voto no lo favoreció pero no necesitó sentarse en la silla presidencial para transformar a México: su sola presencia ya lo había cambiado todo. En 1997 los habitantes de la Ciudad de México lo eligieron como su primer jefe de Gobierno en una elección histórica.

La muerte de Cuauhtémoc Cárdenas cierra un capítulo de la historia política nacional, pero abre también una oportunidad para revisar cuánto ha avanzado México y cuáles son las tareas pendientes.

En paz descanse el ingeniero Cárdenas.