Recordando mi experiencia como coordinadora en el DIF del Estado de México, me puse a reflexionar sobre una de las formas más puras de construir una familia: la adopción. Hablar del Día Nacional de la Adopción no debe limitarse a celebrar la decisión de quienes deciden ser padres, sino a poner en el centro el derecho fundamental de cada niña, niño y adolescente a crecer en una familia.

A menudo, el imaginario colectivo rodea la adopción de mitos y burocracia. Pero detrás de los expedientes, hay historias esperando una oportunidad. No se trata de “dar un niño, niña o adolescente a una familia”, sino de garantizar una familia para cada niña, niño o adolescente. La adopción es una medida de protección.

Reflexionar sobre este día nos obliga a mirar las deudas pendientes, especialmente con quienes enfrentan mayores barreras: las niñas, niños y adolescentes que viven con alguna discapacidad o enfermedad. Históricamente, ellas y ellos han sido los más invisibilizados. Los prejuicios sobre los cuidados médicos a menudo levantan muros que los condenan al olvido, privándolos del amor personalizado que un hogar puede brindar.

Necesitamos procesos que, sin dejar de ser rigurosos, sean más ágiles y humanos. Urge entender que una discapacidad o un diagnóstico no definen la capacidad de una o un menor para dar y recibir afecto, ni su derecho a pertenecer.

Construir un hogar es un acto de amor y voluntad. Sigamos trabajando por una cultura donde juntas y juntos impulsemos el derecho de cada niña, niño o adolescente a su familia, a su hogar.

Jennifer Islas. Política y conferencista.