Vivimos tiempos cruciales para que las alianzas vayan tomando forma ahora que entramos al tramo final del año 2026. Una señal de que eso se está apresurando, efectivamente, es que el PRI ha salido a buscar al PAN para que juntos, de nueva cuenta, compitan en matrimonio luego de renovar sus votos. Hasta donde sabemos, ambas fuerzas de derecha ya se comprometieron a participar en el mayor número de entidades y distritos. De acuerdo con la narrativa de Jorge Romero y Alito Moreno, desde luego, radica en que uno y otro no cejarán hasta constituir un frente opositor, más allá de los tropiezos y de que no aprenden de los errores que cometen, porque su rechazo, técnicamente en todo el país, es abrumador. Se entiende a la perfección que ese binomio, que solo sirve para repartirse los espacios plurinominales, no está a la altura de lo que demanda un ejercicio democrático como el que se avecina.
La representación de esas dos fuerzas, por lo menos ahora, tiene la misma peculiaridad que otros procesos pasados. Hoy, por ejemplo, ambos partidos están contra las cuerdas. Su poco margen de maniobra con la población los limita a crecer y expandir sus estructuras territoriales. No tienen disposición ni mucho menos voluntad para salir a las calles a dialogar con la ciudadanía. Tienen pavor de que la población los encare y les reclame. Incluso la respuesta, nos hemos dado cuenta, es de reproches por el pasado corrupto que hoy los hace vivir en penumbras. Tanto PRI como PAN, dos polos que se unen como imán, son los partidos más repudiados al cabo de un recuento que realizó una de las encuestas más precisas de México. Ya no dan para más. La misma representación popular, a lo largo de estos días, ha pedido que se resuelvan las vicisitudes entre Morena y el Partido del Trabajo. Ciertamente, con fundamento, están hablando del porvenir de la coalición Seguimos Haciendo Historia. Por los resultados en retrospectiva, lo que debe reinar más es la disposición y la flexibilidad para tomar decisiones y ceder; deben estar por encima de cualquier interés personal.
Ahora que se acabó la época dorada del PRIAN, en la que sin duda no encontrarán respaldo, se presenta una oportunidad inmejorable para que Morena, de una vez por todas, le pase por encima a la oposición y la aplaste en las urnas. Eso, sin duda, pasará en la mayoría de las entidades en las que la coalición Seguimos Haciendo Historia ha sellado un pacto de unidad. Al haber disposición, pero sobre todo voluntad para caminar juntos, imperó la lógica de las circunstancias, a sabiendas de que esta sociedad, bien aceitada, será el motor para ganar y, por ende, revalidar la mayoría calificada en San Lázaro. De hecho, el PRIAN se atrincheró nuevamente bajo el mismo argumento, que es, por supuesto, la razón que ha condenado el grueso de la ciudadanía para no repetir los errores del pasado. Siendo así, Morena no debe desaprovechar.
Como sabemos, la coalición Seguimos Haciendo Historia no tiene el control de las decisiones en Michoacán, Zacatecas y Nuevo León. Incluso podemos decir que la encuesta interna de Morena no ha terminado de reponer los ánimos. Por eso se abrió un paréntesis y una inmensa incógnita sobre qué sucederá en las próximas semanas, partiendo de la premisa de que debe predominar la pluralidad y la democracia participativa. No es una exageración la solicitud legítima que ha puesto sobre la mesa el Partido del Trabajo. Meses antes de que se llevara a cabo la encuesta, recuerdo, salieron a relucir algunos acuerdos internos que, de alguna u otra forma, esbozaban que habría una segunda evaluación para medir a los ganadores de la encuesta de Morena con las cartas del PT. El principal órgano de transparencia, si esto llega a prosperar, será una evaluación detallada de cuestionarios y entrevistas para sacar a la figura que aparecerá en las boletas para gobernador.
Una vez que esto suceda —si pasa— podemos proclamar al ganador. Debe ser algo apremiante en el seno de Morena como para darle agilidad. De hecho, hay dos casos que están llamando poderosamente la atención y, por su protagonismo, el PT puede fichar como abanderados. Una de las opciones en Michoacán, hablando del PT, es el senador de la República Raúl Morón, que está apresurándose en los recorridos territoriales para canalizar el respaldo de la población. Otro escenario similar, viendo el poder de convocatoria, es la plataforma sólida que ha generado Tatiana Clouthier en Nuevo León. Aunque no ha trascendido nada, el PT, sabiendo lo que significa una mujer de mucho capital político, puede invitarla para que los represente en la carrera por la gubernatura de ese enclave del norte del país. Ella misma, con un puñado de liderazgos, está opacando la coordinación de Clara Luz, que no levanta los ánimos de la gente.
Morena, hay que concebirlo así, no puede darse el lujo de defenestrar a dos referentes del movimiento como Raúl Morón y Tatiana Clouthier. Pensemos en lo que pasó en Coahuila. Detrás de todo eso, efectivamente, se deshizo la oportunidad de conquistar uno de los enclaves gobernados por el PRI. Se fragmentó el voto y, por lo tanto, se alejó la oportunidad de expandir el dominio de la Cuarta Transformación. Lo mejor es acordar una salida flexible para acabar con las rencillas. No sería raro, por ejemplo, que se aplicara una segunda vuelta en Michoacán y Nuevo León, lo mismo que en Zacatecas. En algún punto de este mes, aproximándonos a la fecha de culminación de noviembre, tendrá que existir una respuesta consensuada por ambos partidos.
De no ser así, créanme, esto abrirá la puerta para que la derecha gane terreno, especialmente porque el voto de la izquierda se dividiría como para inclinar la balanza hacia otro lado. Es posible también, por la capacidad que han demostrado, que Raúl Morón y Tatiana Clouthier ganen la simpatía de esos sectores inconformes e indecisos. Utilizando su sagacidad, sin exagerar, tienen una oportunidad de ganar la gubernatura en sus entidades ahora que el PT los cobijará si no se resuelve la petición de medir al coordinador de Morena con la apuesta del Partido del Trabajo.



