LA POLÍTICA ES DE BRONCE
El otorgamiento del perdón de María Felicia Jiménez a su expareja y exdirector de Petróleos Mexicanos, Víctor Padilla, no es un simple caso de violencia familiar o vicaria, sino un ejemplo que pone en evidencia las fallas estructurales del Estado mexicano, la ausencia de políticas públicas a nivel federal y estatal y la demagogia que existe en torno a la protección de las mujeres víctimas de violencia.
Este expediente incendió las redes sociales a principios de mes. No era para menos: Felicia, madre, esposa, doctora en energía y de origen extranjero, denunció, por medio de un video contundente, la terrible violencia de que fue objeto por parte de su pareja, exdirector de Pemex, cercano a la presidenta Sheinbaum y simpatizante de la Cuarta Transformación. Los opositores al gobierno se frotaron las manos, la burocracia se deslindó, la presidenta pidió cero impunidad y las burócratas responsables de las secretarías de las Mujeres a nivel federal, de la Ciudad de México y del estado de Morelos clamaron justicia y prometieron apoyar a Felicia.
En entrevistas con medios de comunicación, Felicia pidió auxilio. Simplemente solicitaba un empleo que le permitiera tener independencia económica para sostenerse ella y su hijo. Según sus declaraciones, es profesora de asignatura en la UNAM y gana 100 pesos por clase. Nadie le ofreció el trabajo que necesitaba. Está muy bien la atención psicológica, están muy bien las declaraciones de apoyo y las muestras de simpatía, pero, a la hora buena, todos fallaron: falló la Secretaría de las Mujeres, falló la gobernadora de Morelos, fallaron las políticas públicas de atención a las víctimas de violencia.
Desconozco la situación migratoria de Felicia, pero queda claro que carece de una red de apoyo familiar o de amigos. Aquí está otro elemento importante: el soporte para las víctimas de violencia familiar o vicaria no es el Estado, no son los programas sociales, sino la familia. Cuando una mujer es víctima de violencia, su primera red de protección son sus padres, sus hermanos o sus amigos cercanos.
Hace un tiempo, el sociólogo Gerardo Ortiz, que, ademas de ser mi hermano, es un gran observador de la sociedad, me comentó en una sobremesa que para lograra la verdadera independencia de las mujeres se requerían tres cosas: solvencia económica, pues mientras la mujer no tenga ingresos propios y dependa del sustento de su pareja habrá dependencia psicológica y material; preparación académica, porque mientras una mujer tenga menos preparación que su pareja estará sujeta a que su papel sea subvaluado; y habilidades físicas para defenderse. Esto pasa por aprender defensa personal o alguna disciplina como taekwondo, boxeo o karate. Recuérdese que, en su mayoría, los agresores de mujeres son, en realidad, unos cobardes cuando enfrentan a alguien que les puede responder.
También me dijo otra cosa: que la labor de los hombres en este proceso de igualdad era la construcción de una nueva masculinidad.
Este caso no inicia con un video y termina con un perdón. Debe ser un punto de inflexión para la revisión de las políticas públicas en defensa de las mujeres que sufren violencia; debe ser un caso pedagógico que nos aleje de la demagogia y un llamado a la acción que evite que casos como este vuelvan a repetirse. Felicia y su hijo merecen una vida libre de violencia. Lástima que el Estado mexicano no pueda apoyarla como se debe en este momento.
Eso pienso yo. ¿Usted qué opina? La política es de bronce.






