Todo hombre que tiene poder se inclina a abusar de él.
Montesquieu
Otra de las familias que conforman la nobleza política de la 4T es la integrada por René Bejarano y Dolores Padierna, piezas fundamentales en un entramado de poder, venganza y enriquecimiento.
Operadores políticos que salieron de los escombros
Su historia no comenzó con Morena ni con Andrés Manuel López Obrador. Su poder nació entre los escombros del terremoto de 1985 y, desde entonces, ha crecido mediante una combinación de movilización social, control territorial, estructuras clientelares y una extraordinaria capacidad para sobrevivir a los escándalos políticos.
La pareja encontró en la tragedia una plataforma para construir influencia. A través de la Unión Popular Nueva Tenochtitlan organizaron a miles de damnificados y comerciantes informales del Centro Histórico de la Ciudad de México. Muy pronto, aquel activismo derivó en el control de espacios públicos, organizaciones populares y programas de vivienda financiados por el FONHAPO.
La amenaza de “soltar el tigre”
Su gran aliado fue Manuel Camacho Solís, entonces secretario de Desarrollo Urbano y, posteriormente, regente del Distrito Federal con quien establecieron un esquema de negociación permanente con importantes ganancias. A cambio de mantener la gobernabilidad, recibían predios, permisos y espacios de comercio.
Ahí fue donde comenzó a consolidarse una estructura política que terminaría siendo uno de los pilares del obradorismo y del control de la CDMX, considerada bastión del movimiento.
Cuando Bejarano y Padierna ingresaron al PRD en 1989 ya controlaban una importante base social. Más tarde, Andrés Manuel López Obrador convertiría esas organizaciones clientelares en uno de los principales soportes de su proyecto político en la capital. La alianza incorporó también a Marcelo Ebrard, quien había acompañado a Manuel Camacho.
Durante el gobierno de López Obrador en la Ciudad de México, René Bejarano dejó de ser únicamente su secretario particular. En los hechos se le reconocía como uno de los encargados de la relación política y financiera con diversos grupos de interés.
Fue precisamente en ese contexto cuando apareció el empresario Carlos Ahumada.
En 2004, el país entero observó los videos difundidos por Brozo donde Bejarano aparecía recibiendo fajos de billetes ocultos en portafolios y bolsas. A partir de aquellas imágenes, Bejarano enfrentó un proceso penal y permaneció poco más de un año en prisión.
Pero el escándalo nunca significó el final de su influencia. Por el contrario, una vez recuperada su libertad reorganizó su estructura política mediante el Movimiento Nacional por la Esperanza, organización que continúa siendo un importante brazo de movilización al servicio de Morena.
Por su parte, Dolores Padierna siguió acumulando posiciones. Ha sido diputada federal, senadora, jefa delegacional en Cuauhtémoc, vicepresidenta de la Cámara de Diputados y una de las figuras más influyentes del obradorismo durante más de dos décadas.
Una familia que gobierna
Como ocurre con otras dinastías de la Cuarta Transformación, el poder no quedó concentrado únicamente en la pareja.
René Bejarano también operaba a través de su hermano, integrante de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), una organización que durante décadas ha sido uno de los principales aliados de López Obrador y que continúa teniendo una enorme capacidad de presión sobre el gobierno federal.
Sus hermanos Francisco Javier y Elio Ramón Bejarano Martínez también han aparecido en distintos episodios públicos relacionados con el uso indebido de funciones, altercados y control irregular de espacios culturales en la Ciudad de México.
Por el lado de Dolores Padierna, la influencia familiar alcanzó incluso al Poder Judicial.
Su sobrino, Felipe de Jesús Delgadillo Padierna, fue el juez de control que vinculó a proceso y decretó prisión preventiva contra Rosario Robles en el caso de la llamada Estafa Maestra, resolución que terminó siendo revocada.
Su hermano, Antonio Padierna Luna, exlegislador local, fue ratificado como magistrado del Tribunal de Justicia Administrativa de la Ciudad de México, ampliando la presencia de la familia en instituciones clave del Estado.
Quizá el mayor legado político de René Bejarano y Dolores Padierna no sea el ejemplo de supervivencia frente al escándalo de corrupción más emblemático del obradorismo, sino demostrar que en México las estructuras clientelares rara vez desaparecen.
Cambian de nombre, de partido y de discurso, pero conservan intacta su capacidad para acumular poder.
Las redes que comenzaron organizando damnificados entre los escombros del terremoto del 85 terminaron instaladas en los más altos niveles del Estado mexicano.
Otro caso de viejos cacicazgos que se incrustan de manera eficaz para conservar el poder.
X: @diaz_manuel




