El gobernador Samuel García es bien conocido, no precisamente por los resultados que ha entregado a Nuevo Léon, sino por sus reiteradas apariciones en redes sociales al lado de su esposa Mariana Rodríguez, excandidata de Movimiento Ciudadano a la alcaldía de Monterrey.
Se trata de una pareja muy cool, son guapos, dizque carismáticos y bien podrían describirse como simpáticos. Bailan, cantan, forman una bella familia, hablan inglés, cuentan chistes y están permanentemente en medios de comunicación digitales.
Sin embargo, García ha estado envuelto en serias sospechas de malversación de fondos públicos. Y encima, en días recientes, apareció a declarar que entraría en “modo party" durante el mes de junio. Es decir, que delegaría sus altas responsabilidades como mandatario de Nuevo Léon lo que durase el Mundial. Es una declaración de intenciones bastante irresponsable, diría cualquiera.
No contento con ello, en el marco del partido Países Bajos contra Marruecos, en Monterrey, salió muy orgulloso a anunciar que regalaría cerveza, haciendo mención explícita de las marcas, en un abierto favoritismo, mediante el uso de recursos públicos, hacia algunos patrocinadores del encuentro de futbol.
No omitió tampoco llevar una bonita camiseta anaranjada de la selección neerlandesa, misma que evoca -obviamente- los colores de Movimiento Ciudadano. ¿Será que García esperaba el triunfo de Países Bajos o encontró la manera oportuna de promocionar a un partido político cuyas cabecillas se han distinguido por su “afición” a los deportes y a los tragos?
Seguramente no le resultó como lo deseaba, pues la afición regia, por razones curiosas, optó por apoyar a la selección de Marruecos. Les cantaron el “ole” a los marroquíes, a la vez que pitaban cada vez que un jugador anaranjado tocaba el balón. Mala jugarreta para un gobernador cuya simpatía estaba con los europeos.
Samuel García no es un digno representante de Nuevo Léon. Si bien se autoproclama opositor, en realidad goza de los mismos privilegios de una clase política morenista que no solo disfruta del futbol desde los palcos VIP de los estadios, sino que actúa con absoluta impunidad; mientras “Marianis”, como llama simpáticamente a su mujer, espera con impaciencia sucederle en el gobierno de Nuevo Léon.



