Las elecciones de 2027 tienen el potencial de convertirse en el equivalente de la elección intermedia de 1997, un proceso que desencadenó la caída de un régimen político. El PRD, con Cuauhtémoc Cárdenas, ganó el Distrito Federal en la primera elección para jefe de Gobierno y, lo más relevante, el PRI perdió la mayoría en la Cámara de Diputados. La oposición se unificó y conformó un bloque legislativo. Cambió la relación entre los partidos y, sobre todo, quedó claro que el PRI podía ser derrotado en las urnas, percepción que se confirmó con los resultados de las elecciones de gobernador subsecuentes.
Las condiciones actuales son distintas. Resultan incomparables la postura de la presidenta Sheinbaum y la del presidente Zedillo en cuanto al respeto a las oposiciones y a su decisión de unificarse en la Cámara. Además, existían un IFE plenamente autónomo, un Tribunal Electoral independiente, un Poder Judicial Federal confiable y una Suprema Corte de Justicia, cuyo peor ministro era una luminaria comparado con el mejor de los de hoy. Punto aparte la interferencia de ahora del narcotráfico en las elecciones, el asunto más preocupante sobre la legalidad y legitimidad electoral.
Lo más prometedor para las oposiciones sería que una coalición o alianza electoral trascendiera el ámbito electoral y se proyectara al terreno de las propuestas. Hay mucho por recuperar de lo destruido por el obradorismo: los órganos autónomos, la transparencia, frenar la destrucción del Poder Judicial Federal y el fin de la militarización de la vida pública. También existe una agenda nueva, como democratizar la vida interna de los partidos mediante elecciones primarias para seleccionar candidatos, organizadas y reguladas por la autoridad electoral.
A propósito de ello, Leonardo Valdés hizo una observación a la colaboración de ayer, dedicada precisamente a las elecciones primarias. Señala que SomosMx establece en sus estatutos que la selección de candidatos se realizará mediante ese procedimiento. Lo deseable ahora sería que ese avance dejara de depender de la decisión de un partido y quedara establecido en la ley para obligar a todos. Es significativo que SomosMx adopte esa postura, puesto que reúne a destacadas figuras de la judicatura, la política y los órganos electorales, entre ellas el propio Leonardo Valdés. La experiencia respalda la democracia interna de los partidos como parte fundamental de la agenda futura.
No será sencillo alcanzar un acuerdo para una alianza o coalición electoral. Una coalición total parece prácticamente imposible, pues las dirigencias nacionales de MC y del PAN se han pronunciado en contra. Sin embargo, existe margen si se distinguen los dos planos de la elección: el nacional, donde los partidos buscan obtener el mayor porcentaje de votos y ganar distritos, y el local, donde el objetivo es ganar gubernaturas y presidencias municipales. Debe entenderse, primero, que el voto diferenciado es muy reducido y que las elecciones locales son las que más influyen en la decisión final del electorado.
Los partidos pueden construir alianzas, coaliciones o candidaturas comunes en el ámbito local para respaldar al aspirante más competitivo. Esa decisión no debería ser resultado de acuerdos cupulares. Un ejemplo es Adrián de la Garza, el priista mejor evaluado para competir por la gubernatura de Nuevo León, quien se registró en el PAN para disputar esa candidatura. Algo semejante podría ocurrir en Sonora con Luis Donaldo Colosio, de MC, y Antonio Astiazarán, del PAN. En Campeche, Eliseo Fernández podría convertirse en el candidato de toda la oposición y en esas condiciones ganar la elección. En Michoacán, una oposición unificada tendría posibilidades reales de derrotar a Morena con Grecia Quiroz o Alfonso Martínez, si la candidatura se resolviera mediante consulta o elección primaria. Sinaloa también presenta una oportunidad para la alternancia. Prácticamente, todo el país ofrece oportunidades para la oposición, más allá de las reservas que persisten sobre el pasado de los partidos o de las sospechas respecto de la pasividad y el silencio de algunas dirigencias frente a temas fundamentales.
Relevante en 2027 no serán únicamente los cargos obtenidos o el número de votos, sino el significado de una nueva correlación de fuerzas que, inevitablemente, favorecerá al pluralismo. Las reglas para integrar las cámaras y la cuestionable actuación del INE y del Tribunal distorsionan y son una afrenta a la pluralidad política del país. De las oposiciones dependerá que 2027 se convierta en la antesala de la elección presidencial de 2030, si logran acreditar que Morena puede ser derrotado.



