Hay momentos en los que uno se pregunta si el país está atravesando una crisis de ideas más profunda que sus crisis económicas o políticas. Abrimos las redes sociales, escuchamos debates públicos, seguimos conferencias oficiales o leemos titulares, y la sensación se repite: algo no cuadra.

Todos los días somos testigos de argumentos contradictorios que conviven sin problema, consignas que sustituyen al análisis, y posturas claramente inconsistentes que se defienden con absoluta convicción.

No es que falte información; sobra ruido. En ese contexto, el libro Pandemic of Lunacy: How to Think Clearly When Everyone Around You Seems Crazy, del filósofo J. Budziszewski, resulta una lectura sorprendentemente útil para entender no solo el clima cultural de Estados Unidos, sino también —y quizá con mayor urgencia— el momento que vive México hoy.

Vale la pena detenerse un momento en el perfil del autor, porque nos ayuda a entender el tono y la ambición del libro. J. Budziszewski es profesor de gobierno y filosofía en la Universidad de Texas en Austin y uno de los pensadores contemporáneos más influyentes en temas de derecho natural, conciencia moral y autoengaño. Autor de más de veinte libros —entre ellos The Revenge of Conscience y What We Can’t Not Know—, Budziszewski se ha caracterizado por aplicar la tradición filosófica clásica a los dilemas culturales actuales, con un estilo directo, accesible y provocador. Su trabajo no busca ofrecer consignas ideológicas, sino entrenar la capacidad de pensar con claridad en contextos donde la confusión moral y la incoherencia se han normalizado, una tarea que hoy resulta especialmente relevante para sociedades como la mexicana.

La tesis central de Budziszewski es poderosa: la locura contemporánea no es un problema de ignorancia, sino de autoengaño. No se trata de que la gente “no sepa” distinguir entre lo verdadero y lo falso, entre lo coherente y lo contradictorio. Se trata de que, muchas veces, decide no hacerlo. Y cuando una sociedad normaliza ese hábito, la irracionalidad deja de ser marginal y se convierte en sistema.

Las columnas más leídas de hoy

Cuando la conciencia estorba

Budziszewski parte de una idea que ha trabajado durante décadas: existen verdades morales básicas que los seres humanos tienen que conocer. Podemos ignorarlas, silenciarlas o racionalizarlas, pero no eliminarlas. Cuando actuamos contra esas verdades —cuando mentimos, abusamos del poder, justificamos lo injustificable— la conciencia reacciona. Y, como aceptar la culpa es costoso, la mente busca salidas: ideologías, narrativas, teorías a modo que nos permitan seguir adelante sin admitir el error.

Ese mecanismo —que el autor llama la “venganza de la conciencia”— es clave para entender muchos debates actuales en México. Pensemos, por ejemplo, en la facilidad con la que se normaliza la contradicción en el discurso público: defender la legalidad mientras se erosiona a las instituciones que la garantizan; hablar de justicia social mientras se toleran privilegios selectivos; invocar al “pueblo” mientras se cancelan voces incómodas. No es que no se vea la contradicción. Es que reconocerla tendría costos políticos y personales.

Las “locuras” que se vuelven la norma

El libro está estructurado en torno a lo que Budziszewski llama “ideas que contienen un grano de verdad, pero que, al exagerarse o separarse del resto de la realidad, se convierten en falsedades peligrosas”. En México conocemos bien ese fenómeno.

Tomemos la idea de que “la realidad es compleja”. Es verdad. Pero de ahí se pasa con facilidad a una conclusión tramposa: como todo es complejo, nadie puede exigir claridad, evidencia o rendición de cuentas. Esa lógica se utiliza para justificar políticas improvisadas, decisiones opacas o resultados deficientes. La complejidad se vuelve excusa para la irresponsabilidad.

Otro ejemplo: la desconfianza histórica hacia las élites. Tiene raíces legítimas. Pero cuando esa desconfianza se transforma en desprecio sistemático por el conocimiento técnico, por la experiencia o por los datos, el resultado no es empoderamiento popular, sino mediocridad institucional. En lugar de mejorar al Estado, se le vacía de capacidades. Budziszewski advierte justamente: cuando la crítica justa se convierte en negación absoluta, el pensamiento deja de corregir y empieza a destruir.

El ecosistema de la irracionalidad

Una de las ideas más inquietantes del libro es que la irracionalidad rara vez aparece sola. Los lunáticos se refuerzan entre sí. Cuando se relativiza la verdad, también se relativiza la responsabilidad. Cuando se diluye la responsabilidad, la impunidad se normaliza. Y cuando la impunidad se normaliza, la confianza social se erosiona.

¿Vivimos hoy dentro de un ecosistema de lunáticos? La desinformación no solo confunde; cansa. La polarización no solo divide; desgasta. Muchos ciudadanos han dejado de participar en el debate público no porque no les importe, sino porque sienten que discutir ya no sirve para entender, sino solo para agredir o descalificar. Ese retiro silencioso es, quizás, una de las consecuencias más graves de la pandemia de la locura: una ciudadanía fatigada, menos exigente, más resignada.

El corto plazo como ideología

Budziszewski no escribe un libro de política pública, pero su diagnóstico encaja con uno de los grandes problemas del México actual: la sustitución del análisis de largo plazo por la narrativa inmediata. La lógica es simple: lo que no produce aplausos hoy, estorba. Lo que no cabe en una consigna, se descarta. Lo que requiere paciencia institucional, se abandona.

El resultado es una política pública que se mueve por impulsos más que por estrategias. Se anuncian grandes transformaciones sin mecanismos claros de evaluación. Se descalifica a los críticos como enemigos. Se confunde voluntad política con capacidad de ejecución. Y cuando los resultados no llegan, la culpa siempre es de alguien más: del pasado, del extranjero, de la “tecnocracia”, de los medios.

Aquí vuelve la tesis central del libro: la racionalización como forma de huida. En lugar de corregir errores, se construyen explicaciones que preservan la narrativa. No importa que los datos contradigan el discurso; se ajusta el discurso. No importa que las instituciones se debiliten; se celebra la “lealtad”.

Pensar claro en un entorno nublado

Una de las virtudes del libro Pandemic of Lunacy es que no se limita a criticar. Propone una actitud intelectual: recuperar el hábito de la claridad. Y eso, en el México de hoy, es casi un acto de resistencia cívica.

Pensar claro implica distinguir hechos de opiniones, intenciones de resultados, discurso de realidad. Debemos aceptar que no todo desacuerdo es traición y que no toda crítica es mala fe. La complejidad no elimina la necesidad de principios básicos: verdad, coherencia, responsabilidad.

Budziszewski insiste en algo elemental: cuando una sociedad deja de valorar la coherencia, termina premiando al más ruidoso, no al más razonable. Y cuando eso ocurre, el espacio público se llena de gritos, pero se vacía de sentido.

La responsabilidad individual en tiempos colectivos

Quizá el mensaje más incómodo del libro —y el más relevante para México— es que la pandemia de lunáticos no es solo un problema “de los otros”. No es exclusiva del gobierno, de los medios o de las redes sociales. Cada ciudadano participa, consciente o inconscientemente, en su propagación.

Cuando compartimos información falsa porque confirma lo que queremos creer. Cuando toleramos contradicciones porque “son de los nuestros”. Cuando callamos ante abusos porque denunciarlos sería incómodo. En todos esos momentos, la conciencia protesta. Y en todos esos momentos decidimos si la escuchamos o la silenciamos.

Budziszewski no ofrece soluciones mágicas. Ofrece algo más exigente: la invitación a hacernos cargo de nuestro propio pensamiento. A resistir la tentación del autoengaño. A aceptar que la verdad, a veces, incomoda más que la mentira.

México frente al espejo

México no está condenado a la irracionalidad. Tiene instituciones, talento, historia cívica y una sociedad mucho más plural y crítica de lo que a veces se reconoce. Pero sí enfrenta un riesgo real: acostumbrarse a la incoherencia. Normalizarla. Convertirla en paisaje.

En ese sentido, Pandemic of Lunacy funciona como un espejo. Nos obliga a preguntarnos si estamos discutiendo para entender o solo para ganar. Si estamos construyendo argumentos o repitiendo consignas. Si estamos fortaleciendo la vida pública o simplemente sobreviviendo en ella.

Pensar con claridad hoy no es un lujo intelectual. Es una necesidad democrática. Porque cuando la locura se vuelve la norma, la sensatez parece provocación. Y cuando la sensatez se castiga, el deterioro ya no es accidental: es estructural.

La pregunta final que deja el libro —y que México debería hacerse con urgencia— no es si vivimos tiempos difíciles. Eso es evidente. La pregunta es si estamos dispuestos a defender la claridad, la coherencia y la verdad, incluso cuando hacerlo tenga costos. Porque la conciencia siempre pasa factura. La única duda es cuándo… y a quién.

Pandemic of Lunacy: How to Think Clearly When Everyone Around You Seems Crazy, del filósofo J. Budziszewski