Por años, en México se ha castigado la preparación y se ha premiado el discurso fácil. La reciente designación del doctor José Antonio Meade Kuribreña como presidente del Consejo de Administración de HSBC México vuelve a poner sobre la mesa una verdad incómoda para muchos: la capacidad, tarde o temprano, encuentra su lugar.

No se trata de un nombramiento menor ni simbólico. HSBC no apuesta por improvisados ni por figuras decorativas. Apuesta por perfiles con trayectoria probada, credibilidad internacional y conocimiento profundo del país. Meade cumple con todo eso. Economista serio, servidor público con resultados, profesional respetado dentro y fuera de México. Un mexicano que entiende cómo funciona el Estado, cómo se mueve la economía y, sobre todo, cómo se toman decisiones responsables.

El contraste es inevitable. Mientras el país se dejó seducir por promesas estridentes y discursos simplistas, hoy paga las consecuencias de seis años perdidos, de expectativas incumplidas y de resultados que nunca llegaron, ni siquiera a medias. Se confundió cercanía con capacidad, ocurrencia con estrategia, y narrativa con gobierno. Ahí estuvo el error.

José Antonio Meade representaba —y representa— todo lo contrario: institucionalidad, preparación y resultados. No es un político de reflectores, es un técnico con visión de Estado. De los que saben, de los que trabajan y de los que cumplen. De los que no improvisan porque entienden que gobernar o dirigir una institución de alto nivel no es un experimento.

Su llegada a la presidencia del Consejo de HSBC México no solo habla bien de él; habla bien del talento mexicano cuando se le permite competir en serio. Habla de un país que sí tiene cuadros capaces, aunque muchas veces no sean valorados en las urnas. Y también deja una lección clara: el prestigio no se construye con discursos, se construye con decisiones acertadas a lo largo del tiempo.

Hoy, mientras algunos siguen justificando fracasos, Pepe Meade avanza. Con discreción, con trabajo y con prestigio. México necesita más perfiles como el suyo si quiere dejar atrás la mediocridad y apostar, de una vez por todas, por la competencia real.