Una noche

una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de música de älas,

Una noche

en que ardían en la sombra nupcial y húmeda, las luciérnagas fantásticas

José Asunción Silva

Recientemente volé de Ciudad de México a Ámsterdam (y siempre pienso en el sórdido bar Mexico City, de esta ciudad, como un punto escenográfico de la novela La caída, de Albert Camus). Y tuve la fortuna de ver Un poeta, película coproducida por Colombia, Alemania y Suecia, estrenada el 19 de mayo de 2025 en el Festival de Cannes, y el 28 de agosto del mismo en Colombia.

Durante los vuelos internacionales, usualmente leo. Pocas veces miro películas, las dejo como segunda o tercera opción. En consecuencia, poco escribo sobre esa experiencia casi inexistente. En 2012 publiqué una colaboración en SDP luego de haber visto, en una travesía aérea, el filme La conquête (Xavier Durringer, 2011), sobre la biografía personal y política del presidente francés Nicolás Sárkozy; filme que se prestó al análisis sobre la campaña presidencial mexicana de entonces, “La mujer de Sárkozy, las mamadas de Mónica y los hijos de Peña” (SDPnoticias, 26-01-12). No recuerdo otra ocasión, lo cual no quiere decir que no haya visto alguna que otra buena película en un avión.

Un poeta fue escrita y dirigida por Simón Mesa Soto y ha sido premiada en diversos festivales, tanto la dirección como el actor protagonista, Ubeimar Ríos, un profesor de literatura y filosofía sin antecedentes profesionales en la actuación que encarna al poeta ficcional Óscar Restrepo como si fuera él mismo, como si fuera su propia vida llevada al cine. Así de buena es su interpretación, a tal grado vivencial está compenetrado física y psíquicamente Ríos con Restrepo, a la idea que Mesa Soto plantea de Restrepo: no parece actuar sino vivir en verdad al poeta fracasado, deprimido, alcohólico y obsesionado con la poesía y la vida del poeta colombiano José Asunción Silva, a quien su consideración antepone en virtud y talento al más famoso compatriota, el nobel Gabriel García Márquez.

José Asunción Silva es el trágico poeta colombiano que se suicidó con un tiro al corazón a los treinta años y medio en 1896; le había antecedido en tiempo y edad, el mexicano Manuel Acuña, en 1873, a los 24 años. https://www.sdpnoticias.com/opinion/hector-palacio-la-muerte-de-manuel-acuna-1849-1873/

La poesía de Silva es moderna y no modernista, como se ha dicho. Y es que estuvo en Europa y asumió influencias poéticas y literarias de manera directa del gran siglo poético francés, el XIX. Su vida, ensombrecida por los fracasos comerciales, un naufragio en 1895 en que pierde parte de su obra poética, y la muerte de tres hermanos y su hermana, lo orillan a la autoaniquilación.

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Siempre se ha dicho que Silva se enamoró de su hermana y que a la muerte de esta, su pasión incestuosa lo llevó al suicidio; algunos analistas niegan hoy día esa versión. Lo cierto es que su poesía está colmada de intensidad y de pasión.

Y Silva es la pasión, la admiración de Óscar Restrepo. Aunque comparta características de marginalidad, más que poeta maldito –no es Baudelaire, no es Bukowski–, Restrepo es desgraciado, pues todo lo malo de la existencia le acontece o puede ocurrirle después de un inicio prometedor, cuando como joven un poemario suyo obtiene un premio literario. No confronta, como maldito, a su sociedad sino que es víctima de ella, del sistema; y de sí mismo, por supuesto.

Cuando está borracho, Restrepo se entrega a espasmos, a raptos de verdad poética y estética: “no hay poeta que haya alcanzado el virtuosismo de José Asunción Silva en este hijo’eputa país, las acentuaciones, el ritmo, la música en Cien años no existe… García Márquez era un sediento de reconocimiento, José Asunción Silva nunca escribió por reconocimiento… su misma vida fue un verdadero poema”.

Conceptualmente, me parece que la historia contada por el guionista y director pasa cuando menos por cuatro estamentos.

Ser poeta. O no serlo. La condición con que el talento, la inteligencia, la musa, dios, dotan o no a un individuo para el genio poético.

La realidad creativa. Cómo el ámbito literario, el círculo poético, reciben a un nuevo poeta y un poemario que incluso puede ser exitoso y premiado. ¿Y después de ese primer momento, qué sigue?; no se puede vivir sólo del talento primero, ¿o sí? (acaso si se es Rimbaud: Una temporada en el infierno, y después el silencio autoimpuesto); hay que trabajar, y en todos los sentidos.

La realidad cultural burocrática. La estructura con que el poeta joven se encuentra al nacer, al llegar. ¿Sabrá utilizarla o será desplazado y aun aplastado por esa realidad? Y a nivel privado e “independiente”, también se expresan las mafias, las tendencias manipuladas de las editoriales y el bluf del mundillo cultural.

El sistema. Las nuevas políticas institucionales que por medio de becas, lecturas, talleres, premios y publicaciones, conducen o quieren conducir a los poetas y su poesía: determinaciones por condiciones de género, origen, preferencia sexual, color de piel, discapacidad motora. Al querer igualar, se establecen nuevos desequilibrios y privilegios. Un personaje le dice al poeta fracasado en/para el sistema: “Debiste escribir sobre los pueblos indígenas, sobre el Amazonas, sobre los maricas, sobre todo lo que los europeos esperan de nosotros”; y hay que agregar a los afrodescendientes, los jóvenes, los discapacitados, los inmigrantes

Esas predeterminaciones eligen a los nuevos poetas, la nueva poesía; y así, la nueva pintura, música, teatro, danza, cine, literatura… Y muy a su pesar, en ese filón encuentra Restrepo una salida para el talento de una alumna en quien ve posibilidades de éxito dentro del sistema. Y esa combinación es la que acentuará su drama en la película; película, por fortuna, marcada por un humor constante: imaginen al poeta fracasado cargando el fardo de la poesía a sus espaldas contrechas, como a una vaca ebria…

Se han escrito buenas reseñas e interpretaciones de la película, destacadamente “Entre poetas te veas”, de Luis Tovar, que universaliza la experiencia de Restrepo; o “Tres poetas comentan Un poeta”, de Santiago Uhía, Chepe Guerra y Rodrigo Yllaric; y no deja de sorprender el interés que la película ha suscitado sobre todo entre comentaristas mujeres: Mariana Hristova, Ana Quintanilla, Begoña Piña, Melina Alexia Varnavoglou, Mercedes Halfon, Manuela Saldarriaga H.,… A algunas de ellas no les ha gustado, pero ese interés muestra no sólo que la co-protagonista del filme es una mujer, poeta acaso, también la presencia creciente de las mujeres en la poesía contemporánea.

De sus cuatro partes (como actos), la última me ha parecido la menos lograda, la más “normal” o prototípica, la más melodramática. Pero guste o no, la película presenta una perspectiva de la poesía y del poeta que es universal, la angustia frente a la creación y todos sus derivados; de ahí los premios, de ahí su éxito.

Tráiler de la película:

Un poeta, Simón Mesa Soto, 2025.