Las guerras comerciales son guerras. Quizás aún no vuelan las balas, pero, en muchos casos, este tipo de conflictos comerciales preceden a una guerra “caliente” entre naciones.
Así las cosas, no hay que confundirnos. Fanáticos del gabinete de Donald Trump, como Pete Hegseth, secretario de “Defensa” (de Guerra) de EU, ha señalado en diversas ocasiones que no descarta algún tipo de “acción militar” contra los cárteles de la droga en México.
Aún así, México cuenta con qué defenderse. Además de una mandataria con un alta aprobación, misma que se corroborará este próximo domingo en el Zócalo capitalino, la desafortunada integración entre ambas economías, legado del desastroso proyecto neoliberal que abarcó 4 décadas en nuestro país, significa que este tipo de acciones son un arma de doble filo que terminarán por lastimar y hundir la economía estadounidense.
Por ejemplo, el CEO de la cadena de supermercados Target, uno de los más importantes de Estados Unidos junto con Walmart y Costco, señaló que los aumentos en los precios de frutas y verduras para los consumidores estadounidenses podrían reflejarse en cuestión de días, ya que EU depende de México para sus alimentos frescos, principalmente en los meses de invierno.
Y no hablemos de la escasez de otros bienes básicos en los supermercados estadounidenses, como los huevos, los aumentos en la gasolina e incluso la posibilidad de que los automóviles suban en su precio más de 20 mil dólares por unidad, cada vez más lejos del alcance del consumidor gringo promedio.
No por gusto propio, pero México está en guerra con su principal y único enemigo histórico, ese que se robó más de la mitad de nuestro territorio y que ha tratado de manipularnos y destruirnos durante siglos. Es hora de cerrar filas.