Cuando el poder real se transmite por herencia, suele suceder que los sucesores son personas despreciables.
Aristóteles
Si hubiera que escoger a un solo personaje para explicar cómo el viejo régimen priista logró sobrevivir a la transición democrática, cambiar de discurso, de partido y hasta de ideología para instalarse en la Cuarta Transformación, ese personaje sería Manuel Bartlett Díaz.
Pocos políticos mexicanos pueden presumir una trayectoria de 44 años en el PRI, partido al que perteneció desde 1962 y hasta 2006, cuando se incorporó al PT.
Bartlett nació en una familia de poder. Su padre, Manuel Bartlett Bautista, fue ministro de la Suprema Corte y gobernador de Tabasco entre 1953 y 1955. Esa administración terminó en una grave crisis política que desembocó en la desaparición de poderes.
Desde muy joven Bartlett entendió que el verdadero poder estaba en las redes familiares de la política revolucionaria del PRI.
En los años sesenta se incorporó al proyecto de Carlos A. Madrazo, entonces dirigente nacional del PRI, y se convirtió en uno de sus colaboradores cercanos. Aquella experiencia fue fundamental, porque aprendió que en México la política no se hacía solamente con votos, sino con estructuras, lealtades y control institucional.
Su ascenso fue meteórico. Durante el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz llegó a posiciones de primer nivel y, con Miguel de la Madrid, se convirtió en secretario de Gobernación.
Operador del viejo régimen
Fue en Gobernación que su nombre quedó asociado a algunos de los episodios más polémicos de aquella época.
El asesinato del periodista Manuel Buendía ocurrió en 1984 y un año después fue asesinado el agente de la DEA Enrique “Kiki” Camarena. Aunque nunca fue procesado, en investigaciones estadounidenses sobre el caso apareció su nombre.
Pero el episodio que marcó para siempre su trayectoria fue la elección presidencial de 1988.
Bartlett era secretario de Gobernación y presidente de la Comisión Federal Electoral cuando Carlos Salinas, Cuauhtémoc Cárdenas y Manuel Clouthier disputaron la presidencia.
Cuando los conteos preliminares dejaron de favorecer al candidato oficial, apareció aquella frase que quedó para la historia: “se cayó el sistema”, cuando en realidad y de manera experimental, no existía nada más que una computadora de aquellas épocas.
La cuestionada explicación y el resultado de la elección quedaron como símbolos del viejo régimen priista y la falta de transparencia electoral.
Después, Salinas premió a Bartlett con la Secretaría de Educación Pública y, posteriormente, con la gubernatura de Puebla.
En Puebla construyó otra poderosa estructura política.
Entre 1993 y 1999 crecieron personajes que posteriormente tendrían enorme relevancia. Entre ellos Mario Marín, el llamado “goberprecioso”, señalado por la periodista Lydia Cacho por su presunta participación en una red de protección a empresarios vinculados con explotación sexual infantil.
Y los Mier.
La conexión
Ignacio “Nacho” Mier desarrolló buena parte de su trayectoria en el priismo poblano y terminó siguiendo a su antiguo mentor en su tránsito hacia el obradorismo.
Alejandro Armenta fue presidente municipal de Acatzingo durante el primer periodo de Bartlett. Se conocieron en 1992, cuando ambos hacían campaña y se refería a él como su “maestro”.
Cuando el PRI dejó de ser invencible, Bartlett se convirtió en crítico del neoliberalismo y de la apertura política y democrática que desplazaba a los “dinoasaurios” del PRI.
Cuando el PAN llegó a la presidencia, Bartlett encontró refugio en el PT de Alberto Anaya, muy cercano a Carlos y Raúl Salinas de Gortari.
Después encontró en López Obrador una nueva plataforma de defensa para la clase política a la que pertenecía. En 2006 llamó a los priistas a votar por AMLO. En 2012 fue senador por el PT y, en 2018, López Obrador lo nombró director de la Comisión Federal de Electricidad.
La 4T y los mismos métodos
Personajes de la vieja estructura, como Nacho Mier y Alejandro Armenta, controlaron gran parte de la agenda legislativa en la administración obradorista.
Nacho Mier fue diputado federal durante el sexenio de López Obrador, coordinador del grupo parlamentario de Morena y presidente de la Jucopo. Desde 2024 es senador, coordinador de Morena y nuevamente presidente de la Jucopo. Armenta, por su parte, alcanzó la gubernatura de Puebla.
Bartlett encarna la continuidad. Su historia no es la común de un político que cambió de partido. Es la historia de un personaje que se integró a Morena con sus redes, operadores, métodos y cultura priista.
Manuel Bartlett no fue el último dinosaurio del PRI, es, a sus 90 años de edad, un dinosaurio que aportó a la transición toda una estructura que sobrevivió a la alternancia para consolidar el caciquismo priista en la 4T.
X: @diaz_manuel




