A dos años del artero homicidio del maestro, el líder, el amigo leal y generoso doctor Héctor Melesio Cuén Ojeda, su nombre y su historia pueden y deben ser invocados a propósito de cualquier otra historia de injusticia y abuso provocado por el imperio del crimen y las armas.

Su recuerdo resurge hoy, 25 de julio, entre los escombros de una sociedad descompuesta por el germen tóxico del narcopoder que se impone en el estado de Sinaloa desde hace ya varias décadas como un auténtico narcoterror y que se ha acentuado en los últimos ocho años, de manera descomunal y desafortunada.

La vida en su etapa como docente de la Facultad de Química en la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) del doctor Héctor Melesio Cuén Ojeda, aunque relativamente corta (de 1973 a 1978) fue francamente un apostolado en el aula frente a grupo, aunque suficientemente extensa en su faceta al servicio de la Universidad y su comunidad, como administrador, directivo y benefactor. Y lo fue hasta el último día de su vida en 2024.

Cuén Ojeda fue siempre fiel a su moral popular, igualitaria y de apertura a todas las clases sociales de la propia UAS, que tuvo su origen en el legendario Colegio Civil Rosales y también en la siempre bien evocada Universidad Socialista del Noroeste, que fue -desde su fundación en aquella vasta región noroccidental del país- una gran escuela pública de nivel superior, que trataba de cubrir la gran demanda de profesionales y técnicos que el naciente desarrollo de la zona requería.

Porque desde 1873, la UAS fue y ha sido hasta hoy, “la gran escuela del pueblo” para muchos hogares sostenidos por trabajadores asalariados del campo, del mar y de la incipiente industria como del comercio de aquellas poblaciones, ubicadas en los estados de Sinaloa, Nayarit, Sonora, las partes serranas de Chihuahua y Durango, como hasta de las Bajas Californias.

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La Universidad debe en gran medida el crecimiento en infraestructura, en capacidad de matrícula y en calidad de su oferta educativa de los últimos años al rector Cuén Ojeda, quien fue un gran impulsor de ese crecimiento.

Los Cuén Ojeda, de hecho, fueron siempre una familia destacada en las relaciones interfamiliares y las costumbres de los habitantes de aquel Culiacán de los años sesenta y setenta.

Gente sencilla y muy trabajadora, pero no por ello pobre.

En Badiraguato tenían ganado por generaciones; sembraban predios de riego y temporaleros; tenían establecimientos comerciales en la cabecera municipal y en la capital del Estado también, en los ramos abarrotero y mueblero básicamente.

Llegaron a Culiacán el año 1960, orillados a preservar la formación educativa de los hijos, que eran varios además de Héctor Melesio, el mayor.

Adquirieron para tal efecto, una vieja y tradicional casa ubicada por la calle Zaragoza (antigua calle del Comercio, según reza un viejo mosaico que aún permanece en el cruce con la avenida Juan Carrasco), en el casco del viejo poblado novohispano que fue, y es, en esencia Culiacán, con todo y su asombroso crecimiento de los últimos años.

Afortunadamente, pues mantiene vivas aún muchas de las costumbres de relación solidaria y franca entre sus vecinos.

A ver si el suscrito no se mete en honduras, por no renegar del origen hispano de Culiacán y no evocar con orgullo el legado de Ayapín y algún otro adorador de Coltzín, en lo que fue supuestamente la Huey Colhuacan, hoy que son días en que se agrede con rabia y por obligación, el legado hispanista en este país.

En ese barrio de los Cuén Ojeda, mucha gente recuerda todavía a don Héctor Emilio Cuén Blancarte y a doña Lupita Ojeda Félix, los padres del doctor Héctor Melesio. Gente muy buena, muy alegre y afable con todo mundo.

Los vehículos que se estacionaban frente al domicilio de los Cuén, eran primordialmente grandes pickups o carros de redilas, para carga, todoterreno, que siempre venían ensuciados por el trabajo: con vestigios de pacas de alfalfa o salvado remojado, para alimentación de sus hatos ganaderos, con semillas agrícolas o granos dispersados o con rastros de boñiga de vaca.

Pero nunca andaban esas “camionetas machuchonas” impecablemente limpias y cuidadas, como andan por lo regular las de aquellos baquetones que se dicen ganaderos, “porque portan lentes y sombreros” y de quienes todos sabemos que se dedican a todo, menos a trabajar honestamente.

Los Cuén instalaron a los pocos días de haberse asentado en ese barrio del Centro Histórico de Culiacán, una casa de asistencia formal para todos aquellos niños y jóvenes estudiantes del municipio de Badiraguato y de la sierra cercana a Culiacán en general, que no tuvieran dónde asistirse y pernoctar en aquellos tiempos. Cuya manutención corrió a cargo íntegramente de don Héctor Emilio primero y, ya que este no pudo solo con el paquete, por allá en 1980, por el propio Héctor Melesio, hasta muy entrada la década de los noventa hicieron esta labor callada los Cuén. Nunca la presumieron y siempre quisieron mantenerla en secreto.

Se dice que muchos muchachos de aspecto humilde y campesino, hacían cola los fines de mes, para pasar a recibir apoyos pecuniarios para “ir a su rancho” o para gastos diversos.

Cabe destacar que muchas generaciones de jóvenes badiraguatenses desde 1960 hasta los noventas, pudieron trasladarse a Culiacán para estudiar carrera profesional, sin tener que trasladarse a Guadalajara o la Ciudad de México, gracias al apoyo de familias como la de Cuén Ojeda. Muchos ingenieros civiles, médicos especialistas, abogados, maestros normalistas, contadores, originarios de Badiraguato, se formaron y fueron beneficiados por los Cuén.

Esa vieja casa de asistencia se encontraba, por cierto, frente a un edificio que en 2016 albergó la Fundación Para transformar a Sinaloa A. C., y que impulsó la precandidatura a gobernador de Sinaloa por el PRI, del gran político e intelectual mexicano, de origen sinaloense, Heriberto Galindo Quiñones.

Y fue aquel trágico 25 de julio de 2024, cuando el maestro Cuén Ojeda fue baleado en la finca rústica denominada La Higuerita, ubicada en la periferia del área metropolitana de Culiacán, Sinaloa, en donde horas más tarde fue declarado muerto “por un infarto al miocardio”, como consecuencia -por supuesto- de la pérdida de sangre debido a la gravedad de las heridas recibidas y a la nula atención médica que se le brindó.

En aquella muy famosa eventualidad donde también fue extraído contra su voluntad, al mismísimo Ismael El Mayo Zambada García, líder histórico del Cártel de Sinaloa, y hasta donde hoy se sabe, piedra angular en la cadena argumentativa del gobierno de los Estados Unidos no obstante, su reconocimiento pleno de culpabilidad y su consecuente cadena perpetua.

Cabe destacar, que el pasado jueves 23 del presente, un programa televisivo de análisis de coyuntura, que se produce y transmite en la ciudad de Los Mochis, Sinaloa, para todo el territorio estatal de aquella entidad por la cadena Megacable, a través del canal MegaNoticias, conducido por el destacado líder empresarial Yamil Hallal, quien fuera líder nacional de la Concanaco en el período de 1994 a 1998, difundió valientemente un video que muy pocos medios han conservado o se han animado a difundir, donde el desaparecido exrector Cuén Ojeda, declara que él tiene las pruebas documentales de escandalosos fraudes patrimoniales cometidos por el hoy gobernador con licencia al gobierno del estado, así como sus hijos y familiares cercanos, que han adquirido , a partir de finales del año 2021, el año en que llegó al poder el propio Rubén Rocha.

“Recuerdo (señala el maestro Cuén en su narrativa del vídeo) que, en su nominación como candidato, Rubén Rocha Moya no tenía dinero, sin embargo, conforme pasaron los primeros días, empezaron a comprar residencias muy ostentosas en diferentes fraccionamientos de lo más caro en Culiacán”, señaló Cuén en un espacio de comentarios políticos para redes sociales, lo que constituye una auténtica perla para cualquier juzgador.

En el testimonial, Cuén Ojeda muestra los comprobantes de sus denuncias y querellas ante la Fiscalía General de la República, donde se acredita la presunción de delitos sumamente graves en el rubro patrimonial.

Quien fuera también legislador federal electo al morir, le reprochó a Rocha y sus allegados su soberbia y al aun senador Inzunza Cázarez, que él era quien le daba la certeza a Rocha que no le pasaría nada,“pues el tenía el control de lo judicial”.

Vale la pena ver el vídeo. Se lo recomiendo ampliamente.

Pedía pruebas la señora presidenta… aquí están algunas. No vayamos muy lejos.

Con estas revelaciones, ni siquiera es necesario entregar a Rocha Moya a la justicia americana. Bien pudiera proceder la pretensión punitiva del Estado mexicano por delitos gravísimos contra el patrimonio del Estado de Sinaloa.

Dos años sin Héctor Melesio Cuén… sin justicia

Para el maestro Héctor Melesio Cuén Ojeda, mientras haya un hálito de gratitud hacia su productiva y noble vida, arrebatada cobardemente por intereses mezquinos, criminales y ambiciosos al extremo, en cada inicio del jornal de muchos sinaloenses agradecidos y bien nacidos, habrá un espacio a su memoria.

Porque hay historias de vida y testimonios de excelencia humana, como los tuyos, maestro Cuén, que rompen la frontera del anonimato o la ignominia.

Tu espíritu, muy seguramente sigue corriendo por las mañanas por ese malecón nuevo de Culiacán, junto al río Tamazula, tratando de contactar a la gente y recibiendo comentarios y propuestas del resto de la población como tú lo hacías. En aquella pujante ciudad capital, que también gobernaste con paciencia, eficiencia y denuedo; con la misma esperanza.

Y esperas respuestas justicieras de parte de este gobierno de esta sociedad sinaloense que ha permanecido muy complaciente y errática en la presión hacia el propio gobierno y sus órganos responsables, de que se resuelva cuanto antes.

Hoy, como todos los días desde aquel fatídico y triste 25 de julio de 2024, el aire fresco de la mañana lleva un pensamiento para ti, querido e inolvidable maestro.

Porque mientras haya un solo estudiante universitario o un solo sinaloense agradecido, que te recuerde y pronuncie tu nombre, aun en el marco de la injusticia a la resolución de tu expediente judicial no se permitirá que tu historia termine en el silencio.

Autor: Héctor Calderón Hallal

@Pequenialdo; @CalderonHallal1