Sorprende el video divulgado por María Felicia Jiménez Lavie, esposa del exdirector de Pemex, Víctor Rodríguez Padilla, donde se exhibe la violencia doméstica de su marido. La revelación expone penosamente a una persona con una imagen de buen científico, prudente, “humanista” en las palabras de la presidenta Sheinbaum, quien lo ponderó a partir de una larga historia personal de acompañamiento en actividades académicas. Seguro que la presidenta no lo conocía en esa otra dimensión. La revelación lo degrada y, por comunicado de la Sener, se le niega el cargo que la presidenta ya le había asignado como titular del Instituto Nacional de Electricidad y Energías Limpias.
Rodríguez fue un mal director de Pemex, responsabilidad a cargo de la presidenta. No tenía experiencia, tampoco las prendas o carácter para para administrar una empresa mayor, plena de problemas y piedra en el zapato de las finanzas públicas. El escándalo por la mentira y la ocultación en el derrame de petróleo de una instalación de la paraestatal en el Golfo de México, y especialmente la justificación que hizo llevar a la presidenta a la mentira, obligaban a su inmediata remoción. El aprecio personal de Sheinbaum hizo esperar un poco y se dio una explicación absurda, nada convincente, que se había acordado con el funcionario un término de año y medio para que pudiera regresar a sus actividades académicas y científicas. En perspectiva, la generosidad de la mandataria se le viene en contra y debe servirle de lección.
Quizás el doctor Rodríguez Padilla sea buen científico, pero algo debe estar muy descompuesto en él; aunque hay que decir, la violencia doméstica es más común de lo que pareciera y personas de aparente solvencia profesional y personal suelen estar involucrados en esas acciones, socialmente repudiables, moralmente inaceptables y legalmente criminales. Como casi siempre, la mujer en desventaja tuvo que esperar la defenestración del agresor para recurrir a la exposición pública de la agresión de la que fue objeto. Queda para imaginar que si lo conocido ocurrió cuando estaba en la dirección de Pemex, qué habría de acontecer en su situación de desgracia.
La esposa agredida hizo del conocimiento a las autoridades sobre la violencia de la que era objeto, ante la falta de respuesta se sintió obligada a hacer público el video del caso. La mandataria le retiró protección al otrora favorito, quedó expuesto a la maledicencia e hipocresía. No deja de estar presente el tema de la presunción de inocencia, aunque todo lo que se conoce le resulta adverso; no es el caso del senador Salgado Macedonio, quien siempre contó con el respaldo del presidente López Obrador, o de Cuauhtémoc Blanco, ahora diputado, por mencionar dos casos paradigmáticos de impunidad y de presunta agresión sexual.
El caso del exdirector de Pemex es una baja costosa por su pertenencia al grupo de la presidenta. Además, y más que todo, una exhibición de su miseria moral que ojalá tuviera consecuencias judiciales para que sirviera de lección pública sobre el destino que le depara al agresor en ese tipo de situaciones que, lamentablemente son más comunes de lo que se reconoce. Prueba de ácido para muchos, incluso exitosos profesionistas, empresarios, intelectuales y destacados editorialistas. La violencia familiar se hace presente sin importar condición social, ingreso o educación.
También es un acierto que la Secretaría de las Mujeres anunciara la protección inmediata a la doctora Jiménez Lavie, además debe preverse la atención del hijo menor del matrimonio. Nuevamente, el hecho lleva a la consideración de la política pública para la prevención y sanción de la violencia familiar, la capacidad del estado para asistir a las mujeres y familias víctimas y, especialmente, la infraestructura y refugios para la protección de las mujeres en dificultad, muchas veces a cuenta de organizaciones privadas. La miope política social y ahorro de gasto de este régimen también ha castigado ese tipo de servicios e iniciativas, un ejemplo más de la crueldad del llamado austericidio, que se llena la boca con los programas sociales y el incremento de los salarios mínimos.
El doctor Rodríguez Padilla deberá ser sancionado si es el caso que su conducta sea punible en el criterio del juez familiar, y ser objeto de tratamiento y acompañamiento profesional. Finalmente, la grandeza de una sociedad se aprecia en el trato humanitario a quienes se desentienden de lo legalmente debido.



