La literatura académica y opiniones de especialistas, lo mismo que otras procedentes de la experiencia y el sentido común comparados, presentan mensajes atendibles que pueden convertirse en lecciones y aprendizajes para la política mexicana de los meses y años por venir.

Por ahora, me refiero a que la tendencia derechista radical o menos moderada que continúa cobrando fuerza en diversas regiones del planeta ha hecho recuentos puntuales, diagnósticos y propuestas generales en relación con las estrategias seguidas por las izquierdas a las que está desplazando del poder gubernamental.

En Estados Unidos y Brasil, por ejemplo, las derrotas del primer Donald Trump y de Jair Bolsonaro, en esencia por el mal manejo de la pandemia de COVID-19 y otros desatinos, abrieron en su momento las puertas para el regreso de las opciones progresistas de Joe Biden o de Luis Ignacio Lula, respectivamente.

A diferencia de su primer mandato, en este segundo periodo en curso es notorio que Trump ha operado con mas consistencia, agresividad y eficacia el instrumental intelectual, político, económico y militar con el cuenta al intervenir tanto en la coyuntura como en la dimensión de la estructura a efecto de conseguir ganancias inmediatas y afianzar el poder de su coalición gobernante debilitando a sus oponentes. Aun así, lo complejo de esas operaciones y su entorno le generan saldos mixtos de manera que las elecciones intermedias de noviembre próximo lucen complicadas para sostener su proyecto.

Ante ello, las opciones del progresismo estadounidense aparecen menos claras y vigorosas, y en buena medida dependerán de las condiciones electorales específicas bajo las cuales tendrán lugar los comicios que se avecinan.

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En el caso brasileño, la nueva ola latinoamericana amenaza con inundar su amplio territorio nacional transportando ofertas de fuerte contraste frente a las del presidente Lula y que van desde reducir el Estado y aumentar el mercado, bajar la carga regulatoria y fiscal, hasta fortalecer la seguridad y los valores conservadores. En pocas palabras: hacer eco de las consignas que prometen echar al socialismo democrático e intercultural a la basura.

Tanto en Estados Unidos como en Brasil, el regreso de Trump o el posible retorno de Jair Bolsonaro a través de su hijo, Flavio, ha sido o seria posible según agudos observadores gracias a la subsistencia sociocultural y acción política persistente con apoyos bien organizados, financiados y coordinados por parte del trumpismo o el bolsonarismo, que en uno y otro casos están vivos en buena parte de esos dos pueblos.

Por el contrario, el debilitamiento identitario, organizativo y de los resultados quizás bien trabajados, pero mal percibidos en relación con las propuestas sociales e interculturales de las izquierdas en su momento gobernantes en esos dos países, lo mismo que ha ocurrido en otros, léase: el Ecuador de Correa, Bolivia de Evo o Colombia con Petro, cada uno en su contexto, ciertamente, apuntan vectores clave que gravitaron en el respaldo que los votantes de clase media y hasta media baja ya no quisieron prestar en la vida diaria y luego en las urnas.

Según la experiencia y el sentido común, la frase que mejor resume esas lecciones de pasado reciente y futuro inminente es: te lo digo Juan para que lo escuches Pedro.