“La ilusión es el primero de todos los placeres”.

Voltaire

“La realidad tiene una costumbre bien conocida: termina imponiéndose”.

Raymond Aron

Claudia Sheinbaum anunció que estaría dispuesta a impulsar la candidatura de México para organizar nuevamente un Mundial de futbol en 2038. Definitivamente, la 4T es el único “animal” que se tropieza dos veces con la misma piedra.

Después del balance que dejó el de 2026, cuesta trabajo decidir si se trató de optimismo, de propaganda… o simplemente de un mal chiste.

Lo difícil nunca ha sido organizar partidos de futbol. México lleva décadas demostrando que sabe hacerlo. Lo hizo en 1970. Lo repitió en 1986. La afición volvió a responder en 2026 como siempre: estadios llenos, calles convertidas en fiesta y una Selección que, por fin, volvió a ilusionar.

Lo que fracasó fue el relato económico construido por el propio gobierno.

Desde Palacio Nacional se prometieron 5.5 millones de visitantes. Era una cifra difícil de explicar desde el primer día. Bastaba revisar el número de partidos que tendría México, la capacidad de los estadios y el comportamiento histórico de otros Mundiales para entender que semejante expectativa simplemente no cuadraba.

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Los datos preliminares terminaron imponiéndose a la propaganda gubernamental. Los turistas internacionales adicionales estuvieron muy lejos de lo anunciado y la derrama económica tampoco alcanzó las proyecciones oficiales. Ni el turismo ni el consumo justificaron el triunfalismo con el que se vendió el evento.

La realidad hizo lo que siempre termina haciendo: pasar factura.

Lo que es más, esa factura también exhibió los problemas estructurales que el gobierno decidió ignorar durante años.

Mientras el mundo elogiaba la hospitalidad de los mexicanos, muchos gobiernos mantenían alertas de viaje a México por razones de seguridad. El Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México seguía operando con una remodelación inconclusa. El gran hub aeroportuario que habría conectado al país con el resto del mundo fue cancelado hace años por razones ideológicas. El Tren Maya nunca se convirtió en el imán turístico que prometieron.

No falló México. Falló el gobierno. Porque una cosa es la calidez de la gente y otra muy distinta la infraestructura que debe construir un Estado.

Por eso sorprende que, en lugar de hacer una evaluación seria de lo ocurrido, la presidenta ya esté hablando del Mundial de 2038.

Morena parece haberse convertido en ese jugador que, después de fallar un penalti, pide inmediatamente cobrar el siguiente. Ni siquiera han explicado por qué fallaron las cuentas del primero.

Además, el anuncio encierra otro mensaje político. La sede del Mundial de 2038 se definirá alrededor de 2030. Es decir, el gobierno ya habla de proyectos para una fecha en la que Morena tendría que haber ganado las elecciones de 2030 y mantenerse en el poder hasta bien entrada la siguiente década.

Más que una candidatura deportiva, parece una declaración de permanencia política...

Como si gobernar muchos años fuera un hecho absoluto y no una decisión que corresponde tomar a los ciudadanos.

Eso sí sería un pésimo precedente.

Porque organizar un Mundial puede repetirse. La confianza de un país, no.

Giro de la Perinola

Las malas cuentas del Mundial dejan una enseñanza sencilla: antes de pensar en organizar otro torneo, quizá convendría aprender a hacer bien las cuentas del primero. De lo contrario, el Mundial de 2038 corre el riesgo de convertirse en la secuela de un mal chiste.