“Cuando somos débiles, blasonamos de ser obstinados”.

François de La Rochefoucauld

Maru Campos dice que advirtió a César Jáuregui, en más de ocho ocasiones, que desistiera de buscar la candidatura panista a la alcaldía de Chihuahua. Le preocupaba que la investigación lo alcanzara en campaña y después ya no pudieran sustituir al candidato. Ocho veces… Para alguien que ha tenido que explicar cuánto desconocía de lo que ocurría en la Fiscalía estatal, la gobernadora estaba sorprendentemente al tanto del calendario electoral.

Ese fue, para mí, el dato más revelador de su entrevista del 22 de octubre con Carlos Loret de Mola. Entre los gritos, agravios y confidencias de aeropuerto que, según Maru, marcaron la reunión, asomó una preocupación muy concreta: cómo administrar las consecuencias electorales de una investigación penal. Advertir a un aspirante sobre su vulnerabilidad jurídica puede ser prudente. Exhibir esas advertencias como respuesta a las sospechas de una operación política en curso exige, creo yo, bastante más explicación que un “se lo dije”.

Conviene empezar por corregir el expediente, porque bastante lo han manoseado ya sus protagonistas. Hay dos causas. En Chihuahua, Jáuregui fue vinculado a proceso por presunto ejercicio ilegal del servicio público; el juez descartó la imputación por coalición. En el ámbito federal enfrenta la acusación por traición a la patria y permanece en el Altiplano con prisión preventiva. Es importante señalar que la vinculación estatal no es una condena ni resuelve la causa federal. Tampoco corresponde atribuirle a Maru, como hecho probado, una orden personal para encarcelarlo. En otras palabras: no tenemos acreditado que Maru haya ordenado personalmente detener a Jáuregui. La sospecha de que lo sacrificó políticamente no demuestra esa instrucción; además, su reclusión en el Altiplano deriva de la causa federal.

En cambio, la gobernadora sí dio una explicación: sostuvo que hubo investigaciones coordinadas, que las fiscalías acordaron actuar el mismo día y que desconocía que la FGR recurriría a la acusación de traición a la patria, que considera desproporcionada. Es decir, conocía la coordinación, pero asegura que ignoraba hasta dónde llegaría la actuación federal. Esa distancia entre lo que sabía y lo que dice que la sorprendió merecía ocupar el centro de la entrevista. En lugar de ello, esto terminó compitiendo con la escenografía del desencuentro presidencial…

Maru tenía disponible una posición perfectamente defendible: nadie queda protegido por haber sido su amigo, su fiscal o su operador político; toda acusación debe probarse y todo imputado conserva sus derechos. Podía respaldar la investigación estatal y, al mismo tiempo, cuestionar con argumentos el cargo federal. La autonomía de las causas permite precisamente eso. No hacía falta escoger entre impunidad para el amigo y aplausos para la FGR.

Las columnas más leídas de hoy

Por eso yo no le reprocho que dejara de proteger a Jáuregui. La lealtad política no incluye un seguro contra investigaciones penales. Le reprocho que su explicación no consiga despejar la sospecha de que está repartiendo responsabilidades para ponerse a salvo. El sacrificio de un colaborador es una interpretación que debe sostenerse con hechos; la obligación de responder por el gobierno que encabeza existe aunque esa interpretación resulte falsa. Ella NO ha respondido por su gestión.

Y ahí aparece su problema mayor. En la entrevista anterior con Latinus, difundida el 14 de octubre, dijo que el exfiscal y otros funcionarios actuaron “por la libre”. Lo imperdonable, según su relato, incluía no avisarle a la jefa. La frase pretendía deslindarla. En esa ocasión también dejó una pregunta bastante incómoda sobre quién ejercía el mando en Chihuahua... ¿Ya se va viendo el patrón?

Si sus colaboradores podían involucrarse en asuntos de esa gravedad sin que ella lo supiera, tiene que explicar qué mecanismos de supervisión fallaron y qué —se esperaría— corrigió. Si recibió información parcial, debe precisar cuándo, de quién y qué hizo después de advertirlo. Insistir en que no estaba enterada puede servir para discutir una responsabilidad penal; como certificado de capacidad para gobernar, sale carísimo. Cada centímetro que gana para deslindarse lo está perdiendo en autoridad. Esa es mi lectura.

Mucho más si alguien pretendía proyectarla hacia 2030. Una aspirante presidencial necesita demostrar que sabe conducir a su equipo cuando llegan los problemas. Maru está ofreciendo una versión en la que los subordinados actuaban sin informarle, la Federación llevó la coordinación más lejos de lo que esperaba y la conversación con la presidenta terminó en reproches. Hay días en que la campaña presidencial de autopromoción debería tener la decencia de suspenderse sola…

En cambio, ante Loret hubo abundancia de detalles sobre la oficina donde se reunió con Sheinbaum y sobre la forma en que ambas se levantaron la voz. Según Maru, así transcurrieron varios minutos del encuentro del 19 de septiembre. Puede ser una ventana al trato presidencial. También es una cortina muy útil para que todos discutamos el carácter de Claudia mientras queda pendiente evaluar la conducción y ¡el carácter! de la propia María Eugenia.

Revelar una conversación reservada puede tener interés público. Pero la propia gobernadora reconoció que ambas habían acordado no divulgar su contenido y explicó que decidió contarlo después de los ataques en su contra. Esa justificación tiene un costo adicional: quien negocie con ella sabrá que la reserva puede caducar cuando cambie su necesidad de defenderse. La confianza política tampoco se repone al terminar el noticiero.

Dicho de otro modo: ¿esas son las cualidades que queremos para quien aspira a la presidencia de la República? Yo no.

Ahora bien, nada de esto acredita el supuesto pacto para entregar Chihuahua a Morena o intercambiar protección por la caída de Jáuregui. Un pleito privado no prueba que hubiera un arreglo; tampoco demuestra que fuera imposible. Yo prefiero exigir decisiones verificables antes que escoger, por simpatía partidista, a cuál de las dos creerle su versión del aeropuerto.

Por cierto, lo mismo vale para la gravísima acusación que Maru dijo haberle hecho a Sheinbaum sobre presuntos vínculos de Ariadna Montiel con el narcotráfico. La gobernadora debe explicar qué elementos tiene y qué hizo con ellos. Si existen indicios, corresponde llevarlos ante la autoridad competente, exponerlos ante la opinión pública y exigir seguimiento. Si solo tiene sospechas, debería presentarlas como tales y no como hechos fehacientes. El cargo que ocupa le exige mucho más que ganar una discusión a gritos. Y nos falló a todos los mexicanos en eso.

Y aquí corrijo una tentación fácil: su pregunta por el corazón de la presidenta sí estuvo vinculada, según su relato, a reclamos por falta de apoyo federal en seguridad. Ese contexto importa. Los habitantes de la Sierra Tarahumara tienen derecho a exigir presencia y protección. Precisamente por eso, sus necesidades merecían quedar al frente de la explicación, con compromisos, incumplimientos y resultados que se puedan contrastar. La sensibilidad presidencial no se mide con estetoscopio; el despliegue de seguridad, en cambio, sí con datos. Datos que Campos NO aportó.

Tampoco me interesa cuántas capas de maquillaje llevaba la gobernadora. La sobreproducción relevante está en el personaje: agraviada por la presidenta, desobedecida por sus funcionarios, sorprendida por la Fiscalía federal. Una acumulación de papeles secundarios para quien ocupa el puesto principal del gobierno estatal, ¿no creen?

Ahí puede estar el daño rumbo a 2027. Un dirigente necesita que sus colaboradores confíen en las reglas con las que serán evaluados, investigados o defendidos. Si perciben que esas reglas dependen del tamaño del escándalo, empezarán a protegerse por separado. No hace falta probar una conspiración para advertir el riesgo: una coalición se debilita cuando sus integrantes dejan de saber qué esperar de quien la encabeza.

No sé si el PAN perderá Chihuahua. Tampoco una ventaja proclamada en televisión resuelve esa incertidumbre: hacen falta encuestadoras serias, fechas, metodología y candidatos. El desencanto no necesita convertirse hoy en una cifra para ser políticamente relevante. Basta con que quienes antes veían una jefa empiecen a ver a alguien buscando por dónde salir huyendo…

Ya había advertido del entusiasmo por inflar otra figura opositora antes de examinar su consistencia (digo otra, por aquello de Xóchitl Gálvez). Y es que después llegan las emergencias y resulta que el liderazgo nacional venía sin instrucciones de uso... La escasez de alternativas puede explicar las prisas del PAN, pero eso no mejora la calidad del producto.

Giro de la Perinola

Maru quiso demostrar que no entregó a su exfiscal, que no pactó con Morena y que mantiene el control de Chihuahua. La entrevista permite discutir sus negativas. Lo que no consigue es reconciliar esa imagen de control con todo lo que asegura que otros hicieron sin informarle.

Quizá conserve el estado para su partido. Quizá sobreviva al escándalo. Pero antes de pedirnos que la imaginemos despachando en Palacio Nacional, que resuelva una duda bastante más modesta: si había que avisarle a la jefa, ¿para qué estaba la gobernadora?