Odiseo de película
Cuando se hace la adaptación de una obra literaria clásica a cualquier otro género artístico, lo normal es que haya polémica; sea cual sea el género al que se transfiera el original: ópera, teatro, cine, danza... En consecuencia, La Odisea de Homero, en manos del cineasta Christopher Nolan, no es la excepción.
He leído comentarios diversos y encontrados sobre la mega-producción estrenada en julio pasado (250 millones de dólares), del elogio al escarnio, de lo interesante a la tontería, de lo profundo a la banalidad. Y como se ha tratado de un evento internacional, a ese nivel se ha dado la crítica.
En México se entra a los mismos estándares críticos mencionados. Sin embargo, independientemente de la aproximación, lo claro es el perfil que Nolan quiere dar al protagonista: un hombre que atormentado, con conciencia y sentido de la culpa. Es decir, todo lo que Homero no consideró como sustancial; en todo caso, la conciencia era él mismo como creador. Hay pues, una interpretación contemporánea de un héroe mítico cortado originalmente según la perspectiva griega de Homero. Partiendo de esa adaptación, está puesto el escenario para la polémica y ahí sí, que cada quien agarre para su lado.
Por citar unos pocos casos de trato diverso, mencionemos a dos comentaristas de un mismo medio, Susan Crowley y Juan Carlos Monedero, que han leído/publicado para el sitio SinEmbargo sus respectivas colaboraciones sobre la película en cuestión. La primera, en dos video-textos, parece partir de una aproximación freudiana, pues habla desde el concepto de las pulsaciones; también afirma: en tanto que casi todo el mundo ha visto la película, ya no se lee a Homero ni a los griegos. Considero que es fácil, mas errática, una aproximación desde el psicoanálisis, pues así todos acabamos con el síndrome de Edipo. Por otro lado, si alguien sobrevive y se lee a través de los siglos, es Homero; también los griegos, al grado de que continúan haciéndose adaptaciones, como la presente. Por último, dice algo que todos hemos dicho alguna vez, aunque sea una obviedad no necesariamente correcta: que la película hará que muchos lean el poema homérico.
El segundo, Monedero, hace una comparación entre la adaptación de Nolan y algunos personajes de la realidad política mexicana. Así, Polifemo es Trump; los pretendientes de Penélope es la oposición prianista; los gigantes lestrigones, los ejércitos de USA e Israel; Antínoo, Salinas Pliego; Telémaco es Claudia Sheinbaum; Penélope, el pueblo de México; las sirenas, los medios de comunicación; Calipso, los libros de historia; Ítaca, el México del futuro; Odiseo, la conciencia de México; y finalmente, ¿quién es Homero?: AMLO. Analogía que pudiera ser chistosa para una columna, pero poco seria. Lo serio, desde una perspectiva cristiana y antigriega, es que el Odiseo de Nolan es un mar de culpas durante las tres horas de duración del filme.
Por su parte, Avelina Lésper, para Milenio, aún cree en el amor y en Penélope y Odiseo. Otros comentaristas analizan desde la sociología, el racismo en la recepción del filme, o desde las virtudes técnicas del cineasta y la propia película; algunos más recurren a los conceptos filosóficos, al anacronismo y a la historia.
Lo cierto es que, para comprender cualquier adaptación, guste o no como mero hecho artístico en abstracto (la intención del adaptador, los elementos técnicos, el elenco, la producción…), es necesario conocer la obra original. Y si fuera posible, es conveniente observar una perspectiva crítica de ella.
Yo prefiero una perspectiva de Odiseo / Ulises desde la proyección de Palamedes vista, entre otros, por Gorgias e Higinio; que veremos adelante. Por lo pronto, comparto la síntesis con algunos comentarios críticos a la lectura que hace muchos años escribí, a puño y letra, al término de cada uno de los XXIV cantos de la segunda obra de Homero. Tiempo hay para una nueva aproximación.
La Odisea, de Homero
Canto I
Con la ausencia de Poseidón, una asamblea de dioses, animada por Atenea, la favorecedora de los griegos, decide el regreso de Odiseo a Ítaca; realizada en su palacio en la cima del monte Olimpo, Zeus lo consiente. Mientras tanto, en el palacio de Odiseo, Penélope, su mujer, y Telémaco, su hijo, tienen que vérselas con los pretendientes de la hermosa.
Canto II
Aconsejado y acompañado por Mentor, amigo de Odiseo, y otros de los mejores itacenses, Telémaco parte en búsqueda de información sobre su padre con rumbo a Pilos, donde reina Néstor. Mentor es en realidad la tramposa Atenea, quien ha tomado su voz y su forma.
Canto III
Néstor les recibe con el sacrificio de una novillona y vino dulce de once años, y les ayuda para ir a Menelao. Se van satisfechos, cubiertos de reconocimiento. Avanzaron desde la aparición de Eos, la de los dedos rosados, hija de la mañana, hasta cuando Helios se hundía en el ocaso y los campos se llenaban de sombras.
Canto IV
Un divino Aeda cantaba y tañía la cítara, y dos danzantes hacían ágiles cabriolas en el palacio de Lacedemonia, donde reinaba Menelao, cuando Telémaco y el hijo de Néstor llegaron, pues se celebraba una boda. Menelao y Helena (“perra de mí”) brindaron honores al hijo de Odiseo.
Canto V
Los dioses reunidos en consejo con Zeus al centro. Este ordena a Hermes: “tú que eres el mensajero de los dioses, ve a decir a la Ninfa de los hermosos cabellos que hemos decretado el retorno de Odiseo”. Poseidón está molesto contra Atenea a causa del protegido de esta. El protegido parte con el consentimiento forzado de Calipso, quien lo ha tenido por amante por siente años y lo quería para sí. Aunque aquel llorara a su patria y a Penélope, bien que gozaba el lecho de la bella.
Canto VI
El protegido de Atenea se aproxima a la tierra de los faiakienos, donde gobierna Alkínoo tras la victoria sobre los soberbios cíclopes. Su hija, la doncella Nausícaa –de hermoso pelo y brazos blancos, semejante a los inmortales por su gracia y belleza–, acompañada de sus siervas e instigada por la mañosa diosa protectora, va a lavar sus ropajes de boda. Se les aparece Odiseo, le auxilian, visten, alimentan, escancian vino rojo y conducen cerca de la ciudad; qué gozoso privilegio.
Canto VII
Conduce la protectora al protegido al palacio de Alkínoo y su mujer y madre de Nausícaa (en griego Nausikáa), la reina Arete, quienes lo reciben. Dialogan. Le ofrecen dos posibilidades: si quisiera él o los dioses, quedarse y hacerle rico al casarse con su hija (que se ha prendado de él); o regresarlo con bien a su patria, Ítaca. Elige: “¡Padre Zeus! Plázcate que Alkínoo cumpla lo que promete y que su gloria sea inmortal sobre la tierra fecunda si yo regreso a mi patria”. Duermen todos.
Canto VIII
Cuando Eos, la de los dedos rosados, hija de la mañana (la aurora), se deja contemplar, Palas Atenea se alista, como siempre, en ayuda del protegido. En buen ánimo, Alkínoo, su mujer y otros reyes y príncipes agasajan a Odiseo. Es cantado por el divino Aeda Demódoco, a quien un dios dotó de la facultad del canto admirable que embelesa cuando su alma le incita a cantar. Se sacrificaron ocho cerdos de blandos dientes y dos bueyes de flexibles remos. Odiseo se la pasó llorando como mujer ultrajada y quejosa al oír las historias cantadas sobre el acoso de Troya por los argivos. Pide al Aeda que cese su canto. Llora y llora y no se puede contener…
Canto IX
Continúa el agasajo de los faiakienos (pueblo mítico de la Isla de Esqueria, tal vez la actual Corfú o acaso la isla de Creta) y su rey Alkínoo, quien le pide al agasajado protegido decir quién es y qué le ha acontecido: “Soy Odiseo Laertiada, y todos los hombres me conocen por mis astucias, y mi fama ha subido hasta el Urano”. Cuenta su biografía, su atraco a Troya y su experiencia con Polifemo, el cíclope hijo de Poseidón, cómo lo cegó y engañó, etcétera (Calipso, Circe).
Canto X
Sigue contando el favorecido de Palas Atenea. 1. Arribó a la isla de Eolia, donde moraba Eolo Hipotada, caro a los dioses inmortales. Lo recibió a él y a los suyos, los agasajó en abundancia. Le dio un odre hecho con la piel de un buey de nueve años en el cual encerró el soplo de los vientos tempestuosos. En el viaje, el sueño lo venció y la codicia perdió a sus compañeros que abrieron el odre pensando en tesoros. Se desinfló. Se desató una tormenta y regresaron a Eolia, de donde los echó Eolo. 2. En Lamos, la isla de los gigantes lestrigones, estos destruyen once de doce naves de Odiseo y devoran a gran parte de la tripulación; sólo se salva la número doce, la del beneficiado de la diosa. 3. En la isla de Eea en brazos de Circe con ayuda de Hermes (¿no será Atenea encarnada en Hermes?). La maga los agasaja por un año (luego de haber convertido en puercos y desconvertido a los compañeros de viaje), hasta que parten al Edes (Hades).
Canto XI
Una vez en el Hades y después de los sacrificios respectivos, Odiseo ve y conversa con las almas de muchos muertos célebres, entre ellos, Tántalo y Sísifo; también ve a Epicasta (Yocasta), en la que es acaso la primera referencia al mito de Edipo que siglos después trabajará Sófocles.
El hombre se la pasa llorando en todo el pasaje. Al final, Hércules le habla, “divino laertiada, ingenioso Odiseo, sin duda eres desdichado y un mal designio te conduce, como a mí”. Y quiso ver más espíritus, “pero la innúmera multitud de muertos se agitó, con tan enorme tumulto, que el pálido terror me sobrecogió”.
Después de este Canto, parece resarcirse Odiseo ante mis ojos (en latín, Ulises suena más ignominioso); más recuerdo que es Homero, el poeta, quien me ha conmovido.
Continuará…


