No hay duda de que existe información reservada para el gobierno y altos funcionarios. Normal y esperable. Estas limitaciones hacen que la mayoría de las opiniones versadas en columnas y debates de opinión caigan en el terreno de la especulación. El caso de la relación con Estados Unidos no parece ser la excepción.

Tras la visita de Markwayne Mullin a la presidenta Claudia Sheinbaum, se ha especulado en torno al contenido de las reuniones. Mientras los voceros del régimen han salido a asegurar que todo fue un éxito, otros menos optimistas han señalado que, de acuerdo a sus fuentes, el encuentro tuvo varios momentos de tensión ante la posible entrega de nombres de funcionarios mexicanos que podrían ser objeto próximamente de acusaciones formales por parte del Departamento de Justicia.

Lo que sí es una realidad es que el discurso de Sheinbaum se ha endurecido. El domingo pasado centró sus palabras en la supuesta defensa de la soberanía frente a la injerencia extranjera. Y lo hizo, si se sigue el camino del análisis con un toque de hipótesis, ante una eventual escalada de sucesos que pudiesen estremecer a miembros conspicuos del régimen.

¿Le habrá compartido Mullin a Sheinbaum algún reporte sobre nuevos probables encausados por lazos con el crimen organizado? ¿O le habrá dirigido un ultimátum que tuviese que ver con la entrega de Rocha a cambio de concesiones favorables a México en las negociaciones del T-MEC? ¿O le habrá dado nombres como López Beltrán o Adán Augusto López? ¿O habrá sido todo cándido y armonioso como señalan los voceros del gobierno?

Otros elementos que han nutrido la idea de que el gobierno de Estados Unidos podría hacer oficiales nuevas acusaciones han sido las recientes declaraciones de la jueza que lleva el caso Rocha, pues según dijo, existe evidencia abundante en su contra; la súbita búsqueda de refugio de Andrés López Beltrán en Tabasco, su reciente aparición junto a su padre, y las declaraciones bajo juramento de Gerardo Mérida Sánchez y Enrique Alfonso Díaz Vega, que, de acuerdo a trascendidos, habrían empezado a rendir declaraciones como testigos protegidos ante los autoridades judiciales en Nueva York.

En conclusión, solo la presidenta Sheinbaum y sus colaboradores cercanos saben lo que sucede tras bambalinas en este caso oscuro y mediático. Sin embargo, todo indicaría que nuevos eventos podrían sacudir más, dentro de los meses que vienen, la relación bilateral, y con ello, la estabilidad del régimen morenista.