La soberanía no consiste en blindar a las élites frente a la ley ni en convertir el nacionalismo en un escudo de impunidad. Un Estado verdaderamente soberano es el que cuenta con instituciones fuertes, justicia independiente y capacidad para aplicar la ley sin someterse ni al poder extranjero ni a intereses internos.

Lo que presentan como una defensa firme de la dignidad nacional, se fractura al enfrentar que el discurso que ya no les alcanza y la política exterior se basa más en retórica que en principios.

Sumisión tras el discurso de propaganda

Pocas veces en el México contemporáneo se había visto una distancia tan grande entre el discurso nacionalista y el comportamiento real de un gobierno frente a Estados Unidos, como en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador y el “segundo piso”.

La 4T convirtió la soberanía en un mantra político. Toda crítica externa, proveniente de Estados Unidos, de organismos internacionales, inversionistas o medios extranjeros se ha etiquetado como “intervencionismo” o ataque del “imperialismo”. Sin embargo, en los momentos en que el régimen tuvo que enfrentar a un gobierno estadounidense dispuesto a imponer condiciones, “se dobló”.

Bastó la amenaza de aranceles para que México aceptara convertirse en muro migratorio. Se desplegaron miles de elementos de la Guardia Nacional en la frontera sur, se contuvieron caravanas, la política migratoria se militarizó y terminó como filtro de Washington.

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El propio Trump lo resumió con crudeza al presumir públicamente lo fácil que resultó “doblar” al gobierno mexicano. En cuestión de días, la soberanía que se invocaba en el discurso quedó subordinada a las condiciones políticas y económicas impuestas por Estados Unidos.

Y no solo en migración, hubo concesiones en seguridad, comercio y cooperación fronteriza. La visita de López Obrador a la Casa Blanca terminó convertida en un respaldo político necesario para Trump en pleno proceso electoral.

Luego, lejos de mantener prudencia diplomática, el gobierno mexicano que cuando quiere invoca los principios de “no intervención”, apostó abiertamente por la continuidad de Trump e incluso tardó en reconocer el triunfo de Biden.

Cuando buena parte del mundo felicitaba al nuevo presidente electo, México guardó silencio para no incomodar al “amigo” de AMLO.

Nacionalismo cuatrotero

La relación con Estados Unidos evidencia que la soberanía en la 4T es selectiva y contradictoria. Sirve para descalificar críticas internas, para confrontar a medios y opositores, para victimizarse frente a cuestionamientos internacionales y para llamar al “pueblo” a defender al régimen. Pero desaparece cuando Washington exige acciones concretas.

Ahora, la narrativa intenta presentar cualquier acción judicial proveniente de Estados Unidos como un ataque imperialista contra México, pero omite señalar que en Estados Unidos las investigaciones judiciales no dependen del presidente en turno. Que existe una separación de poderes real, con fiscales y jueces que operan con autonomía.

El caso Rocha Moya y de otros personajes cercanos al poder, ilustra esta contradicción. Antes de investigar los hechos, desde Morena se activan discursos nacionalistas, acusaciones de injerencia y llamados patrioteros a cerrar filas. No se defiende al Estado mexicano; se protegen a sí mismos.

Intentan a como dé lugar, presentar una carpeta judicial como un ataque político contra todo el país, cuando en realidad se trata de procesos que deben resolverse en tribunales, como ha ocurrido en muchos otros casos.

Escudo político

No se trata de lo que dijo Loret, Ciro, Aguilar Camín, The New York Times o el Departamento de Justicia, tampoco es una invasión: es una investigación judicial y una solicitud de extradición que se hace en el marco de los acuerdos existentes.

Lo único diferente es que esta vez los protagonistas surgen de las filas de Morena.

Es la utilización facciosa de la soberanía, que se invoca para defender al régimen, no para fortalecer al país. Porque, mientras se habla de dignidad nacional, el gobierno debilita contrapesos, controla y politiza al Poder Judicial y captura a organismos autónomos.

La contradicción es evidente: cuando el régimen habla de “defender la soberanía”, en realidad habla de defender a Morena; un Morena que como partido de Estado, ha entregado y se ha doblegado en todo al imperio gringo a cambio de impunidad para unos cuantos suyos.

Traidores.

X: @diaz_manuel