En Veracruz, ser mujer sigue representando un riesgo que no debería existir. Esto lastima a todos y todas. No podemos acostumbrarnos a enterrar mujeres.
Este 2026, la violencia feminicida continúa siendo una de las heridas más dolorosas de nuestro estado.
De acuerdo con el Observatorio Universitario de Violencias contra las Mujeres (OUVMujeres), de la Universidad Veracruzana, entre enero y septiembre de 2026 se documentaron 44 feminicidios en el estado. Algunos celebran que esta cifra es inferior a la del año anterior (54 de 2025 frente a 44 de este 2026), pero la exigencia es que ninguna mujer pierda la vida por razones de género.
El caso más reciente es el de Darla Karina, de 25 años de edad, cuyo cuerpo fue encontrado el 4 de noviembre de 2026 dentro de su departamento en Coatzacoalcos.
El mes anterior la sociedad veracruzana y el país en general nos estremecimos con el feminicidio de la doctora Cristina Ramos Argüello, de 33 años de edad, quien fue encontrada sin vida con múltiples puñaladas en su domicilio el 15 de octubre de este año. El sospechoso es Lenin, su expareja, quien se encuentra prófugo junto con su padre.
La violencia feminicida tiene raíces profundas: desigualdad, machismo, relaciones de poder, violencia doméstica, impunidad y una cultura que todavía responsabiliza a las víctimas por las agresiones que sufren.
En Veracruz, las mujeres necesitan mucho más que mensajes de solidaridad después de cada crimen. Necesitan prevención, protección y justicia.
Algo está pasando en ese estado que nos alarma. He podido percibir e incluso ver de cerca a jóvenes que de la nada gritan y agreden a sus parejas. Lo hacen con tanta saña, que asusta. Pero más asusta la indolencia institucional. Vemos a mujeres que denuncian y no reciben protección, incluso son obligadas a regresar a un entorno peligroso.
Veracruz cuenta con mecanismos de Alerta de Violencia de Género contra las Mujeres. Sin embargo, tener una alerta no significa que las mujeres estén seguras.
Una alerta debe traducirse en acciones verificables: refugios suficientes, atención especializada, policías capacitados, órdenes de protección efectivas, fiscalías que investiguen con perspectiva de género y presupuesto para prevenir la violencia.
Como mujer, como periodista y como feminista, considero que no podemos seguir aceptando que la muerte de una mujer se convierta en una noticia más que desaparece de las primeras planas al día siguiente.
El gobierno de Veracruz tiene una responsabilidad histórica. La seguridad de las mujeres no puede ser un asunto secundario ni una bandera política. Es una obligación del Estado.
Y las mujeres no necesitamos que nos digan que estamos protegidas. Necesitamos estar protegidas de verdad.





